Ripley: el claroscuro como técnica anti-identidaria
R I P L E Y
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Ypsilon
En seis letras está cifrado, oscuramente, un arte.
Ripley es un personaje que actúa, en el plano de las identidades, como un maestro de oficio, el pintor de un taller medieval. “Oficio” es una palabra adecuada para designar su arte, pues la constelación semántica del oficio conlleva cierta indignidad, supone el trabajo continuo con materiales no del todo pulcros. En su oscura forja, Hefesto, el dios cojo, la vergüenza del Olimpo, produce un escudo que contiene el universo entero. Su orfebrería, a la vez que una mirada crítica, expresa una agudeza visual surgida del fondo de la indignidad. El ojo de Caravaggio capta verdades imperceptibles desde las alturas.
Identidad: “f. Conciencia que tiene una persona de ser ella misma y distinta a las demás. Igualdad algebraica, cualidad de lo idéntico”. En Italia, la identidad admite otras acepciones. Paciente fabricador de mentiras, Ripley negocia su identidad a través de la estafa, contrabandeando valores. La virtud del estafador consiste en cederle a la víctima el control, hacerla dueña de la iniciativa. No es ilusión. El artista se funde con su disfraz y se convierte en quien dice ser, hace suya la máscara que le dan los otros. Su poética consiste en ocultarse a través de la presencia, bordear el núcleo de la percepción, situarse en el vértice de la mirada solar.
Psicológicamente, Ripley representa el polo opuesto de la paranoia. El paranoico se percibe, de antemano, como el centro de todas las miradas. Desborda significación. Está a la espera de ser leído: en cada esquina ve perseguidores; en cada mirada, un juicio. El paranoico teme que se descubra una verdad íntima sobre su ser, la cifra secreta de su identidad. En su psicosis gravitatoria, los trazos únicos de su firma esconden patrones vulnerables al ojo social.
La filosofía de Ripley, en cambio, parte de la base contraria. Para él no hay identidad. O no debería haberla. Como los nombres, las identidades son monedas de valor relativo, mudables; su comercio implica una redistribución de las jerarquías de la realidad. David de Caravaggio puede sentir compasión por Goliath. El asesino puede tornarse virtuoso. Luz y oscuridad se entremezclan. Falsificar un cheque es falsificar un principio de clasificación del mundo, el de la propiedad privada, la cosa asignada a un nombre, modelo tan arbitrario como todo sistema de signos.
Esconderse a plena vista. Para Ripley, el movimiento urbano es la voluntad de Schopenhauer: una fuerza ciega, idiota. En ese universo invidente, todo es posible. Lacan dice que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Ripley corrige: el inconsciente está oscurecido como un lienzo. El arte de la pintura, entonces, consistirá en dominar la luz: La luce, sempre la luce. El fondo negro funciona como cualidad primordial, la posibilidad virtual de transformar el Rostro en los rostros, punturas bíblicas donde modelo y autor se espejan. La oscuridad, en Roma, es la noche donde se borran todas las diferencias. Verdad inaccesible para el obrar policial. Las pesquisas son torpes intentos de inteligibilizar aquello que, por obra de confusión, se resiste a ser visualizado. En vez de observar la disposición de la luz, lo que Tom muestra a plena vista, el detective quiere encontrar al dios escondido en la sombra. Y allí no hay dios. Porque la sombra, como el mar, es inescrutable. La hemos vuelto a hallar. ¿Qué? La eternidad. Es la mar, que se ha ido con el sol. Comprender esos versos es dominar el arte de la mentira: yo es otro. Los ojos negros de Ripley, humedecidos por el canto, encierran esa experiencia de mar. Él deja que la mirada ajena lo sobrepase como una ola, como los ojos ciegos de una cantante sobrevuelan al espectador anónimo.
“Yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. Yo es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín”. —Arthur Rimbaud. Michelangelo Caravaggio. O Tom Ripley.
Texto: Marcos Liguori
Serie: Ripley
Il cielo en una stanza, Mina / Il celo en una stanza, Ripley
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