Sentimental Value (2025): el arte como espejo de la vida íntima

 


Tautología (Diccionario de la Lengua Española, RAE): Del lat. tardío tautologĭa, y este del gr. tautología, de tautó 'lo mismo' y -logía 'acción de decir'.

1. f. despect. Repetición innecesaria y poco afortunada. 

2. f. Ret. Enunciado que, con otras palabras, repite lo mismo que ya se ha dicho, sin que aporte nueva información. 


No sé qué cosa es el arte, pero apuesto a que nada tiene de tautológico. La experiencia artística debe, para ser efectiva, producir otra cosa, llevarnos a otro lugar, volvernos distintos. Es la crítica que Anthony Burgess, autor de La naranja mecánica, realizó sobre la adaptación cinematográfica dirigida por Stanley Kubrick, quien se había tomado la libertad de suprimir el capítulo final de la novela (cap. 21), un episodio clave para la transformación psicológica del protagonista. ¿Cómo puede un personaje, se pregunta Burgess, atravesar una historia y seguir siendo el mismo de antes? 

"El capítulo veintiuno concede a la novela una cualidad de ficción genuina, un arte asentado sobre el principio de que los seres humanos cambian. De hecho, no tiene demasiado sentido escribir una novela a menos que pueda mostrarse la posibilidad de una transformación moral o un aumento de sabiduría que opera en el personaje o personajes principales. Incluso los malos bestsellers muestran a la gente cambiando. Cuando una obra de ficción no consigue mostrar el cambio, cuando sólo muestra el carácter humano como algo rígido, pétreo, impenitente, abandona el campo de la novela y entra en la fábula o la alegoría. La Naranja norteamericana o de Kubrick es una fábula; la británica o mundial es una novela" (Anthony Burgess, Introducción a La naranja mecánica). 


La reflexión de Burgess es aplicable al rol del arte en Sentimental Value. La película trata a la ficción artística como un paisaje sobre el cual tramitar conflictos familiares, una excusa para el reencuentro entre un padre y sus hijas.

No es un problema de paisajismo. El fondo, en ciertas historias, es lo más importante. Hay fondos desgarradores, dinámicos, verdaderos castillos góticos que devoran a sus huéspedes: El castillo de Otranto (Walpole), "Casa tomada" (Cortázar), "La construcción" (Kafka), "La caída de la casa Usher" (Poe).


                  
                   El castillo de Otranto, de Horace Walpole, adaptado por Jan Švankmajer.              


Al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher.


La casa de Gustav, por el contrario, es un espacio en blanco, pasivo, sobre el cual se han ido imprimiendo las huellas de sus habitantes. Su función parece ser únicamente la de acumular viejos traumas, velar por ellos, mantenerlos visibles en el tiempo. No hay agencia ni autonomía en su disposición material, solo un desafortunado repositorio de recuerdos.



Lo mismo pasa con el arte. Es curioso que una película que versa sobre el valor de los proyectos artísticos no dedique tiempo a mostrar las producciones de sus personajes. Solo aparecen el antes y el después. Por ejemplo, en el momento en que Nora está por actuar, el foco está puesto en su nerviosismo. Finalmente, cuando sale al escenario, se produce una elipsis.

    Antes de escena - Elipsis - Después de escena. ¿Qué sucede en el medio? ¿En quién se transforma Nora, luego de una preparación tan tensa? ¿Cómo es ese teatro que, por alguna razón, disgusta tanto a su padre? Preguntas que Sentimental Value no considera relevantes. 

Las únicas escenas 'meta ficcionales' que efectivamente se muestran son las que resultan idénticas a la vida de los personajes. Están pensadas en función de generar sorpresa en el espectador y suscitar alguna clase de reflexión sobre la relación entre la vida y el arte. En contra de lo que pensaba Oscar Wilde, Sentimental Value propone que es el arte el que imita a la vida.

"Aunque pueda parecer una paradoja –y las paradojas son siempre cosas peligrosas–, no por ello es menos cierto que la Vida imita al arte mucho más de lo que el Arte imita a la vida. […] Un gran artista inventa un tipo, y la Vida trata de copiarlo, de reproducirlo en formato popular, como un editor industrioso... Así lo comprendió el sagaz instinto artístico de los griegos, que en la estancia de la recién casada ponían una estatua de Hermes o de Apolo, para que engendrara hijos tan hermosos como las obras de arte que contemplaba en su éxtasis o su dolor. Sabían que la Vida no sólo gana con el arte espiritualidad, hondura de pensamiento y sentimiento, tumulto o paz para el alma, sino que puede modelarse a sí misma conforme a las líneas y colores del arte. […] En una palabra, la Vida es la mejor discípula del Arte, y la única" (Oscar Wilde, La decadencia de la mentira)


Este desplazamiento del arte por la vida es lo que sucede con el proyecto de Gustav. El argumento de su película carece de conflictividad interna. El guion parece haberse creado por sí solo, de un tirón. No hay problemas de composición, solo de puesta en escena. El drama reside en cómo rodar esa película, dada la personalidad del director y la relación con su hija. El personaje de Elle Fanning, que hace de la mejor actriz de su generación, no puede interpretar a la protagonista: el film es demasiado personal, demasiado autobiográfico. Repele la otredad. Es un trabajo que solo Nora, la verdadera hija de Gustav, su única heredera, es capaz de hacer, puesto que el arte, repite Sentimental Value, tiene que imitar a la vida.


Arte subordinado a la vida.

Arte que, en vez de convertirnos en otros, nos confirma tal cual somos.

Eterna repetición de lo igual.


Escena-cita de Persona, de Ingmar Bergman, completamente innecesaria, puesto que no hay confusión ni ruptura de identidades en toda la película, sino asperezas y reconciliaciones entre los miembros de la  familia. 



Hacia el final, el único fragmento que vemos de la película de Gustav desborda valor sentimental. La protagonista se ha vuelto indiferenciable de su actriz, Nora, lo que resulta un aburrido juego de espejos cinematográficos. Sentimental Value parece decirnos, finalmente, que la ficción precisa la verdad de la vida íntima.

La conclusión está lejos de ser provocadora. A diferencia de lo que producen otros finales similares como el de La montaña sagrada, de Alejandro Jodorowsky, Sentimental Value deja intacta la relación entre la realidad y la ficción. No hay continuidad ni ruptura con el otro mundo, solo identidad. ¿Para qué atravesar el espejo, Alicia, si la vida está acá?




Texto: Marcos Liguori (2026)

Película: Sentimental Value (2025), de Joachim Trier

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